El Diario Espiritual de San Ignacio

En su autobiografía San Ignacio cuenta que cada día escribía en un cuaderno lo que le sucedía interiormente. Parece que contenía muchas hojas escritas. A su muerte se encontró solamente un cuaderno de 26 folios, de tamaño 27,5 x 22,7 cm. Cubre el tiempo transcurrido entre el 2 de febrero de 1544 y el 27 de febrero de 1545 mientras él se desempeñaba como General de los Jesuitas en Roma.

Al encomendársele al P. Ribadeneira la biografía oficial de San Ignacio, después de que éste muriera, quedaron relegadas a un segundo plano la Autobiografía y el Diario Espiritual, permaneciendo prácticamente ocultos más de trescientos años. Recién en 1934 aparece su publicación completa.

Si uno desea acceder a la intimidad de San Ignacio el Diario Espiritual es fundamental. Se puede decir que muestra el recinto más escondido de su alma. Aquí se presenta su imagen interior mientras está haciendo un discernimiento de un punto de la pobreza de los jesuitas. En él hace memoria de sus mociones interiores, recordando los regalos de Dios, y en disponibilidad de escuchar su voluntad en el momento presente y en el tema que le ocupaba. El contenido de sus Ejercicios Espirituales se encuentra a lo largo de todo el Diario.

Sin embargo, en el Diario se reflejan también las gracias místicas que San Ignacio recibió en el tiempo de su mayor madurez espiritual: el don de la devoción, de las lágrimas (promedio de 4 diarias y con sollozos hasta 26 veces), de la “locuela” (palabras que oye con armonía y música), de gracias trinitarias sobre el obrar de las Personas divinas, de visiones y éxtasis. Poco a poco San Ignacio irá descubriendo lo que significaba un “acatamiento reverente” y una “humildad amorosa” hacia Dios. Todo esto mientras escribía gran cantidad de cartas, escribía las Constituciones y esparcía a los jesuitas por todos los rincones del mundo. Confirma aquello de que la espiritualidad ignaciana nos hace ser “contemplativos en la acción”. Queda demostrada que la de Ignacio es una mística puesta en acción.

En el Diario la centralidad de la Eucaristía es completa, además de que se pueden encontrar breves oraciones que el santo emplea a menudo.

Si se lee el cuaderno tal como está puede ser de difícil interpretación. Posee anotaciones breves y concentradas, con muchos signos convencionales e iniciales, con líneas tachadas y otras añadidas al margen. Complica más el asunto al considerar que San Ignacio no dominaba por entero la lengua en la que escribía, con muchos infinitivos y gerundios, anacolutos y puntuaciones imprecisas.

Adentrarse en la lectura y reflexión de este Diario nos ayudará a nosotros a mirar también nuestra interioridad, para avanzar en el propio crecimiento espiritual y a orar por escrito para discernir mejor y para aumentar la lucidez sobre nosotros mismos.

P. Juan Díaz SJ.

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