La urgente necesidad de sentir y gustar a Dios en nuestra vida de oración

Una de las características más complejas del paradigma sociocultural en el que estamos insertos es la aceleración de la vida. Byung Chung Han, filósofo coreano-alemán la ha llamado sociedad del rendimiento o sociedad del cansancio para expresar su causa y su efecto.

El celular, el correo electrónico, las redes sociales nos comunican en un instante con el universo entero y exigen de nosotros respuestas urgentes. Cada vez es menor el tiempo entre la invención de un nuevo producto y su comercialización en el mercado. Las noticias vuelan, como los corresponsales vuelan para tener las primicias. En fracciones de segundos se pueden ganar o perder millones de dólares. Con un solo “clic” se puede obtener, al instante, dinero, comida, información, medicinas, sexo, viajes, etc. Esto va creando, en las personas, como estilo de vida, unas “entrañas impacientes”.

Ciertamente sería retrógrado demonizar esta rapidez y no considerar su lado ventajoso. Comunicarnos, informarnos, resolver múltiples problemas y organizarnos con eficiencia y rapidez, por ejemplo, en situaciones de emergencia, es tremendamente virtuoso.  Pero no podemos negar que los seres humanos no somos capaces de separar con facilidad lo urgente de lo más necesario, y menos aún de poder entender los códigos de los “tiempos de Dios”.

La urgencia como modo de vida nos puede hacer vivir en tensión, tensionados y tensionantes para los demás. Puede endurecernos como una piedra, haciéndonos impenetrables a la acción de Dios. El ritmo de la oración y la vida espiritual es distinto; el ritmo del sentir y gustar a Dios es dramáticamente distinto. Para poder sentir y gustar a Dios en nuestro interior, y así captarlo y seguirlo en lo exterior, requerimos de otro ritmo. Ritmo de lentitud y de paz, como agua que cae en una esponja impregnándola (EE 335). La espera nos hace humildes y nos saca de la codicia del saber, del controlar, del poseer y nos abre las manos al actuar de Dios y a que haga cuando y cuanto a él le parezca oportuno. Ese no tengo tiempo, lugar común de tantos cuando se trata de orar, o estar en silencio y paz consigo mismo, o para compartir distendido en comunidad, tal vez es señal de que estamos secuestrados por el ritmo codicioso de la vida actual o de la desidia (lata) que gusta fluir en un tiempo sin exigencias y dominado por lo que gusta o da placer solamente. Sin responsabilidades.

Aquí es donde se nos viene una palabra casi olvidada en el lenguaje del cristiano de a pie: la ascesis. Para sentir y gustar a Dios se requiere otro ritmo, como ya dijimos, pero que es contracultural y humilde, desapegado y desprendido de todo control y poder.  Este cambio, para este nuevo ritmo, nos invita a un “estar presente”, sin tiempo ni apuro, sin querer sacar algo en limpio o una respuesta mágica, sólo con los brazos y las manos abiertas. Esto requiere de un nuevo aprendizaje, un nuevo nacimiento para mujeres y hombres de hoy que son secuestrados por una cultura que acelera, inquieta o fija sólo en su propio querer o interés de corte ególatra e impaciente. En el fondo se nos invita al sacrificio, a ir contra el principio del placer pulsional, a vencernos a nosotros mismos y nuestra inquietud interna. Eso es ascesis.  Lo contrario es codicia y depredación.

P. Juan Pablo Cárcamo SJ.

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2 comentarios en “La urgente necesidad de sentir y gustar a Dios en nuestra vida de oración

  1. Sole Leighton dice:

    Hola, me llamo Maria Soledad Leighton, ojala pueda repetir esta charla , que lindo tema, y también ojala pudiera ser mas accesible en cuanto al lugar para los que estamos mas al oriente.. quizas en el colegio San Ignacio?
    Desafortunadamente estare fuera de Chile y me lo perderé.
    Saludos,
    Gracias

  2. Para mi orar es una actirud de vida, es un dialogo permanente con el Señor.
    Es como si en todo momento fuera caminando a mi lado Jesus y fueramos conversando de lo que me va pasando, lo que voy sintiendo, haciendo y eligiendo.
    Esa oracion activa hace que a ratos Jesus no solo camina conmigo sino que me toma de la mano y me lleva hacia un lado.. me habla al oido… nos detenemos.
    Desde ahi es que solo agradezco… la dinamica virtuosa que se produce, la dependencia del corazon haciendome adicta a su presencia… volviendome insegura, inquieta cuando me falta…. haciendo mas intensa mi oracion en la paradoja de tenerlo mas cerca….

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