El Perdón, una necesidad y un arte

Nuestra vocación humana y cristiana es la cercanía, la comunión, la pertenencia. Necesitamos revisar regularmente nuestra capacidad de establecer relaciones verdaderas por donde pasen el gozo, nuestros amores, nuestros dolores, las penas, los cansancios, los sueños, nuestros proyectos más queridos.
Los vínculos y las experiencias de amistad son uno de nuestros rasgos que manifiestan nuestra identidad como seguidores de Jesús.

Cuando se vive en cercanía, cuando entramos en comunión, el perdón es una necesidad impostergable.
Nuestros amores son imperfectos y al relacionarnos nos herimos unos a otros, la cercanía se hace dolorosa y estas heridas nos dañan, nos hacen tomar distancias defensivas.

Son palabras, son gestos, son maneras de ser y de hacer, son malos entendidos. Son miradas, indiferencias, el sentirnos no escuchados, no cuidados, el manejo del dinero, la falta de confianza, los silencios prolongados y mucho más.
Somos hombres y mujeres necesitados y estas conductas producen en nosotros vacíos, insatisfacción, rabias, penas y dolores.

Las heridas nos hacen retraernos, algunos temas dejamos de compartirlos, vamos acumulando rencores. Lentamente se estructura  una crisis, un momento donde hay que elegir: retraernos, permanecer en el mundo de las cuentas no saldadas, de las rabias y la soledad o bien hacer la experiencia de recrear las relaciones mediante  el perdón, volver a encontrarnos.

Sin perdón las relaciones interpersonales dañadas no se reparan, los vínculos se cortan y el mundo se nos achica.
Cuesta entender por qué algo tan importante nadie nos ha enseñado a hacerlo. Todos somos autodidactas y no siempre lo hacemos bien.

Perdonar es una práctica de sobrevivencia. Perdonamos para restablecer la cercanía que necesitamos para vivir la relación de pareja, las relaciones familiares, la relación con amigos y con compañeros de trabajo, la relación en las comunidades.
Cuando no perdonamos nos quedamos pegados en el pasado, no vivimos el presente y no podemos avanzar al futuro.

Todos tenemos experiencia de haber sido ofendidos a lo largo de los años por personas que necesitamos de su cercanía, de su aceptación.
El perdón es una profunda experiencia de encuentro que nos permite querer con una profundidad nueva.

Normalmente tenemos clara consciencia de las heridas que cargamos. Pero no podemos olvidar que nosotros también ofendemos y de esto nos cuesta hacernos cargo. Cuando no tenemos clara consciencia que nosotros herimos a los demás, la consecuencia es que dejamos estelas de dolor y no pedimos perdón.

Necesitamos aprender a perdonar y pedir perdón, hacernos cargo de mis limitaciones y las del otro. Primero es intuir y después gustar la bondad y la misericordia que el otro y los otros tienen.

Se requiere audacia y generosidad para entrar en áreas sensibles y hacer un proceso que va desde las heridas al reencuentro, desde la estrechez a la amplitud del corazón.

Perdonar es una profunda experiencia de humanidad, de hombres y mujeres verdaderos, que van aprendiendo la sabiduría de vivir, de establecer vínculos y repararlos.

Necesitamos con urgencia dar pasos en el arte del re-encuentro consigo mismo, con los demás, con Dios, tres familias de relaciones fundamentales para vivir con belleza, con humanidad, como cristianos.

P. Álvaro González, Pbro.

Ésta es tú oportunidad para perdonar…Participa! Clic aquí.

8 comentarios en “El Perdón, una necesidad y un arte

  1. Hno. Hernán Cabrera Baeza dice:

    Estimados amigos: Ruego, por favor, me inscriban en el Taller sobre EL PERDÓN que dará el P. Alvaro González. Me alegro que el P. Alvaro regrese al CEI como lo hizo por muchos años tiempo atrás y con gran éxito.
    Yo pagaré como siempre lo hago, al llegar. Gracias por inscribirme.
    Saludos.
    Hno. Hernán

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