33ª Semana del tiempo durante el año

Cuarenta y tres años se tardó en construir el Templo que, “adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas”, algunos ponderaban ante Jesús. Y, cuando sus palabras ya se habían cumplido, la comunidad recordó la escena y la respuesta de Jesús: “De esto no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”.

En tiempos de Jesús, el Templo era un símbolo de la unidad del Pueblo elegido y el lugar escogido por Dios para habitar en medio de ese pueblo. Al final de los tiempos, se esperaba la afluencia de todos los pueblos de la tierra al monte Sión, vértice del cielo (cf. Salmo 48 [47]). De manera similar, nuestros templos y capillas simbolizan al Pueblo de Dios, templo edificado con piedras vivas, puestas sobre el fundamento que es Cristo (Cf. Ef 2, 20 s; 1 Pe 2,4-5). En estos mismos días hemos tenido la experiencia de ver destruidos o gravemente dañados, en diversos lugares del país, templos que, en palabras de nuestros Obispos, están “llamados a ser espacios de paz y de oración”. Pero, aunque nos duelen esos hechos, sabemos que Dios no está ligado a un lugar físico, sino que hemos de adorarlo en espíritu y verdad (cf.Jn 4,23). Por eso, la primera reconstrucción (y, en estos tiempos, remodelación) que hay que emprender es la de nuestras comunidades.

Pero no para transformarlas en meros lugares de encuentro y de reanimación nuestra –algo que ciertamente nos hace falta-, sino para que, juntos, podamos trabajar al servicio de los demás, siguiendo el ejemplo de Pablo ante los Tesalonicenses. Precisamente a quienes parecían limitarse a esperar la inminente venida del Señor, el apóstol los exhorta a ganarse el pan y a apartarse de cualquier hermano o hermana que lleve una vida ociosa. La comunidad local, presencia de la Iglesia extendida por toda la tierra, está llamada a dar testimonio eficaz del amor de Dios por sus hijas e hijos. Si pedimos todos los días “Ven, Señor Jesús”, no es para vivir aterrados, ni para aterrorizar a nadie, sino para impregnarnos de su Espíritu, y, siendo muy conscientes de su presencia en medio de nosotros ‘hasta el fin de la historia’, servir a los demás, imitando a Quien no vino a ser servido, sino a servir.

El leccionario de la semana es concordante con el ambiente de juicio y de inminencia de la salvación. Acompañamos a Jesús en las últimas etapas de su ascensión a Jerusalén en el evangelio de san Lucas: personajes como el ciego de Jericó y Zaqueo nos ponen ante la disyuntiva de aceptar o rechazar a Jesús. Luego escucharemos con Jerusalén el llamado del mismo Jesús a reconocer el tiempo de su visita. Volveremos a la parábola de los talentos en la versión de Lucas y terminaremos la semana escuchando el anuncio de la resurrección: Dios no es un dios de muertos, sino Dios de los vivientes. Como marco de estos anuncios evangélicos, repasamos algunas escenas de los libros de los Macabeos, en los que la fe en la resurrección y la confianza en el Dios vivo dan a los creyentes constancia en la fidelidad a la Alianza, aun a costa de la propia vida.

El tema del Templo se nos vuelve a presentar, en el santoral. El lunes 18 puede recordarse la dedicación de las basílicas de san Pedro y de san Pablo en Roma. El jueves 21 se celebra la memoria de la Presentación de la Virgen María en el Templo, un título inspirado en un relato apócrifo, que aprovecha el aniversario de la dedicación de la iglesia de Santa María la Nueva en Jerusalén (año 453, al lado del Templo) para celebrar a María como consagrada enteramente a Dios. El viernes 22, se recuerda a santa Cecilia, doncella y mártir, patrona de los músicos, que habría padecido el martirio en Roma el año 177. El sábado 23, el calendario universal propone la memoria del papa y mártir Clemente I, autor de una carta a la comunidad de Corinto, de fines del siglo I o comienzos del II. Ese mismo día se puede celebrar también la memoria del monje san Columbano, evangelizador de Europa (+615), y patrono de una benemérita sociedad misionera presente también en Chile. Y el santoral de la Compañía recuerda al Bto. Miguel Agustín Pro, mártir en la revolución mexicana (+1927).

JOSÉ M. ARENAS SJ
Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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