3ª semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia desde el domingo 26 de enero al sábado 1 de febrero.

La mesa de la Palabra en este año nos alimenta con el evangelio de san Mateo: Jesús es Dios-con-nosotros, y permanecerá con nosotros hasta el fin de la Historia. Él es la luz de los pueblos, que, en este domingo se nos presenta iluminando a la Galilea de las naciones, mientras, llama a sus primeros colaboradores: Simón y Andrés, Jacobo y Juan. Son el núcleo germinal de la larga caravana a la que el Señor nos ha unido por nuestro bautismo.

A nosotros, como a ellos, Jesús nos ha invitado a ser “pescadores de hombres”: a proclamar la Buena Noticia y curar todas las enfermedades y dolencias; a no descansar mientras haya un dolor que mitigar, diría el P. Hurtado. Y, si eso supone enseñar algo, habrá que hacerlo como dice Pablo, hablando a los Corintios: no afirmarnos en la elocuencia y sabiduría humana, sino en la cruz de Cristo. Como discípulos y discípulas, debemos afirmar nuestra fe no en quien nos la mostró y enseñó, sino en el que ha sido mostrado: en Cristo crucificado, manifestación luminosa del amor de Dios por nosotros. Y Cristo es uno solo, no está dividido.

Por lo tanto, las discordias en nuestras comunidades y familias, y las discordias que nos han separado a los cristianos en distintas iglesias y comunidades, nos alejan de Cristo: no nos acercan a Él. Sólo la alegría de ser cristianos y cristianas, la alegría del Evangelio, es lo que nos debería sostener y animar siempre, para que comuniquemos esa misma alegría a cualquier territorio en que nos movamos: Como miembros de Cristo, somos siempre misioneras y misioneros.

Durante la semana seguiremos a Jesús en el evangelio de san Marcos. Estamos ya en el capítulo tercero: iniciamos la semana evocando el conflicto que ya se planteaba en los últimos días de la semana anterior, luego recibimos la enseñanza de Jesús en las parábolas, para terminar la semana con la pregunta: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”  Mientras tanto, en las primeras lecturas seguimos la historia del Dios fiel que guía a su pueblo por medio de David, reconocido como rey por todas las tribus de Israel y de Judá. Él instala en Jerusalén no sólo su capital, sino el centro religioso del pueblo, al entronizar allí el Arca de la Alianza… Pero no es el soporte externo (la institución religiosa y política) el que asegura la fidelidad humana a la alianza, como se ve en la historia del adulterio de David con Betsabé y el asesinato del marido de ella. Pero, si el ‘pastor’ que el Señor puso el frente de su pueblo se revela frágil e infiel, Dios es fiel y espera la conversión. El segundo hijo de esta pareja será Salomón, lo que nos muestra la profundidad de la misericordia de Dios, que se revelará plenamente en Jesucristo.

En el santoral de la semana, el domingo 26 resulta impedida la memoria de san Timoteo y san Tito, discípulos de san Pablo, obispos de Éfeso y Creta, según las tradiciones. El lunes 27 se recuerda a santa Ángela de Mérici (+1540), fundadora de la Compañía de Santa Úrsula, por los mismos tiempos en que nacía la Compañía de Jesús. El martes 28 se celebra a santo Tomás de Aquino (+ 1274), cumbre de la teología de la Iglesia. Por último, el viernes 31 recordamos a san Juan Bosco (1815-1888) -educador-, fundador de la familia salesiana. Por medio de estos modelos, Dios nos enseña a comunicar, con la vida, lo que nos enseñó Jesucristo.

JOSÉ M. ARENAS SJ
Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

 

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