Adrenalina o Presión, por Selia Paludo

Hay un modo de vivir que nos obliga a andar velozmente, nos cambia en un abrir y cerrar de ojos, nos acelera en nuestro peregrinar. No nos permite disfrutar los regalos recibidos de la vida, como nos gustaría hacerlo. Vamos perdiendo de vista los detalles de la naturaleza, de las personas, de los encuentros, del descanso. Si no entramos a este ajetreo, ¿quedaremos muy perdidos del mundo y de sistema? Creo que la vida tendría nueva calidad si viviéramos dando sentido y disfrutando los momentos y acontecimientos del día a día.

La sintonía con la vida interior, con el deseo profundo que nos mueve e inspira, nos hace actuar conscientes de lo que buscamos: ¿adrenalina o profundidad?

Adrenalina es lo que reconozco como lo efímero, si me sirve lo uso, si me beneficia te necesito, dame resultado y serás competente, si caes bien, estoy contigo; te quiero, me atraes, vivamos juntos. Es lo inmediato y momentáneo.

Profundidad llamo a la dignidad y al respeto con el que nos relacionamos, el perdón y la solidaridad, la valoración del pequeño gran gesto, la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Reconocer el bien recibido, el tiempo regalado, la actitud que proyectamos al adoptar una mirada positiva y agradecida por los dones recibidos y que podemos poner al servicio generoso a los demás.

Vivimos en un proceso de inserción y algunos desertamos porque nos enferma esta adrenalina llamada “presión”. Nos presionamos: en las relaciones, en la familia, en el trabajo, en el tránsito, en la política; en fin, vivimos presionándonos a nosotros mismos y dejándonos presionar por el entorno. Nos renovaría una nueva mirada de la realidad y a nosotros mismos. Introducir una mirada desde el corazón, desde lo que nos mueve internamente.

A los que seguimos las huellas de San Ignacio de Loyola esta realidad nos cuestiona, ya que la invitación es de gustar internamente lo que vivimos, sin pausa y sin prisa nos colocamos en camino, no apresurarnos en los procesos, asimilando lo vivido desde dentro creciendo con las experiencias.

Podemos observar a San Ignacio de Loyola sometido a distintas situaciones de presión. En el año 1527, viviendo en un ambiente iluminista y erasmista, siendo acusado y perseguido por enseñar su propio método de unión con Dios, fue interrogado y perseguido por los inquisidores, debido a la enseñanza que predicaba en los Ejercicios Espirituales. Fueron momentos de gran presión en su vida de peregrino, pero no desistió de perseverar por su causa. Presionado a abandonar la modalidad con la cual enseñaba, Ignacio continúo perseverante, era conocedor de dónde venía el deseo y la certeza que lo movía internamente. Vivió en persona los frutos de su doctrina, por lo tanto fue testigo del beneficioso que son los Ejercicios Espirituales en la vida de quienes los vivían, y lo defendió con su propia vida. Estando en prisión escribe: “Hacia lo mismo que libre, de hacer doctrina y dar ejercicios” (1). Estando en juego el contenido de los Ejercicios, él mismo escribió: “Siendo todo lo mejor que yo en esta vida pueda pensar, sentir y entender, así para el hombre poder aprovechar a sí mismo como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos” (2).

Debido a la valentía de San Ignacio, seguimos hoy con su enseñanza, los Ejercicios Espirituales nos hacen un gran bien, nos ayudan a reconocer las presiones, las adrenalinas, llamándolas por su nombre, nos concede o proporciona medios para ordenar los afectos, para encontrar la voluntad del Creador sobre nosotros junto con la capacidad de vivir con mayor libertad y profundidad frente a las “adrenalinas” de nuestro tiempo.

Seguir los pasos de San Ignacio es el desafío para nuestro tiempo, vivir el profundo encuentro con El Dios de Jesucristo que transforma el ser y el hacer, y nos llena de sabiduría para vivir bajo presión sin dejarnos seducir y conducir por ella. Tener adrenalina solo para vivir con pasión la causa de Cristo, y profundidad para dar sentido a nuestro existir en esta sociedad.

(1) Autobiografía n°60.
(2) Carta a Dr Miona.

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