Algunas reflexiones después de la visita del Papa

La visita del Papa Francisco a Chile ha tenido como principal objetivo hablarnos de Jesús: “Qué bien nos hace a todos dejar que Jesús nos renueve el corazón” (Catedral). Nos ha invitado a hacer memoria de todas aquellas veces en que el Señor nos ha tratado con misericordia. Jesús es ese fuego al cual quien se acerca queda encendido” (Maipú).

El Papa se dirigió al corazón de los chilenos. A ese corazón que “conoce de reconstrucciones y de volver a empezar… de levantarse después de tantos derrumbes!” (Parque O’Higgins); al corazón de quienes habitamos este país y podemos disfrutar de una “diversidad y riqueza geográfica que… vislumbra la riqueza de [una] polifonía cultural” (Palacio de la Moneda); en un territorio en que podemos gozar, ya sea con una “Araucanía tierra bendecida con la fertilidad de inmensos campos verdes, con bosques cuajados de imponentes araucarias” (Temuco), o con un norte en donde se vive “la fe y la vida en clima de fiesta [con] su música, sus vestidos” (Iquique).

Nos ha invitado a todos a saber mirar y enfrentar nuestra realidad. Tal como es. Nos movemos en “horas de desconcierto y turbación [donde] no es fácil atinar con el camino a seguir, [en que podemos caer] en la tentación de recluirnos y aislarnos…, [en] pensar que todo está mal” (Catedral); en “creer que nada podemos hacer.. sentir que vale lo mismo hacer algo que no hacerlo” (Maipú); en quedarnos en una “postración negativa.. inmovilidad paralizante del que ha dejado de creer en el poder transformador de Dios y en sus hermanos” (Parque O’Higgins). Por eso nos quedó dando vuelta su potente frase: “La peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación” (Catedral).

Mirando esta realidad nos damos cuenta de que somos una Iglesia y un País herido que se confronta, hoy más que nunca, no con sus glorias, sino con su propia debilidad. Lo extraordinario es que precisamente en esta hora es cuando puede surgir el verdadero(a) apóstol. La pregunta central que nos debemos hacer es la misma que le hizo Jesús a Pedro: ¿Me amas? Con esa pregunta Jesús nos quiere liberar “de la tristeza y especialmente del mal humor, [y permitirnos que cada uno] escuche su corazón y aprenda a discernir. Ya que no [es] de Dios defender la verdad a costa de la caridad, ni la caridad a costa de la verdad, ni el equilibrio a costa de ambas… Jesús quiere evitar que [uno] se vuelva un veraz destructor o un caritativo mentiroso o un perplejo paralizado” (Catedral).

El camino para cambiar, al cual nos ha invitado el Papa, es escucharnos, reconocernos, amar a este “Pueblo de Dios” herido, a reintegrar a su seno a todos aquellos que lo han abandonado, a concretar de una vez por todas el Concilio Vaticano II, a desarrollar la “capacidad de gestar futuro… [de] parir esperanza… Yo te lo pido, ¡levántate! Siempre levantando” (Centro Penitenciario).

El Papa nos ha dicho que la nuestra es una historia “gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa” (Catedral). Por eso seguimos estando llamados a “¡sembrar la paz a golpe de proximidad, a golpe de vecindad! a golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal” (Parque O’Higgins).  

Y también a no perder el humor. En Perú Francisco recalcó la importancia de poseer una “alegre conciencia de sí”. Habló de la risa: “Aprender a reírse de uno mismo nos da la capacidad espiritual de estar delante del Señor con los propios límites, errores y pecados, pero también aciertos, y con la alegría de saber que Él está a nuestro lado. Un lindo test espiritual es preguntarnos por la capacidad que tenemos de reírnos de nosotros mismos… Reíte… Mira tengo dos “pastillas” que ayudan mucho: una, hablá con Jesús, con la Virgen, la oración, rezá y pedí la gracia de la alegría, de la alegría sobre la situación real; la segunda pastilla la podés hacer varias veces por día si la necesitás… miráte al espejo: “Y ¿ese soy yo? Ja ja ja”. Y eso te hace reír. Y esto no es narcisismo, al contrario, es lo contrario, el espejo, acá, sirve como cura”.

P. Juan Díaz SJ.
Director Centro de Espiritualidad Ignaciana

Junto al P. Fernando Montes SJ. reflexionaremos sobre los mensajes que realizó el Papa en los distintos lugares de su visita. Taller “Qué nos quedó del mensaje de la visita del Papa”: Clic aquí.

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