El aporte del laicado a la vida consagrada

Reflexión Mensual – Agosto 2018

Creo que muchos vemos la necesidad de mayor protagonismo de los y las laicas en la Iglesia, también veo que pueden surgir dificultades al crecer hacia una relación más horizontal. Una de ellas es la pérdida de poder al pasar de una relación vertical por siglos, que ha marcado un modo de proceder, a una más horizontal. Estas consecuencias se viven a nivel personal e institucional.

Creo que el lugar del trabajo en la vida de laico/as y consagrado/as es distinto, comprender esto es central porque cambia prioridades de tiempos, afectos y energía. Para tender puentes, comparto con ustedes el lugar que ocupa el trabajo para algunos laicos/as con hijos. Los afectos en estos casos están ocupados en primer lugar por la familia, y definen los demás afectos y decisiones, y la relación con el trabajo. El poner el trabajo sobre la familia es fuente de conflictos, dolores y quiebres. Muchos/as hemos vivido alguna vez en Ejercicios la experiencia del Señor que nos vuelve la mirada a la familia (Iglesia doméstica). Algunos puntos sobre la visión del trabajo:

  • Sin duda para algunos/as el trabajo tiene un sentido apostólico, pero la entrega que hacen a ese servicio, siempre está condicionada por la familia, a los tiempos y energías dedicadas y muchas veces a los sueldos percibidos.
  • El trabajo es el sustento de la familia, la que lo necesita, luego es algo a cuidar. Del trabajo muchas veces depende la tranquilidad familiar.
  • Los trabajos, la mayoría de las veces, son en instituciones que no son de Iglesia, que se rigen por prioridades muy distintas a las propuestas por Cristo, si se desea mantenerlos hay que saber moverse con esas reglas. En esos mundos se debe mostrar constantemente la propia capacidad, el día que esta no es valorada la persona es despedida, y sus familias son afectadas.
  • Muchas veces las relaciones desarrolladas con muchas personas en el trabajo, si bien son afables, son sólo laborales, entre otras cosas porque es usual no compartir un mundo valórico con ellos, en temas como: fidelidad a la pareja, distribución del dinero, lugar de los hijos, etc.

En los y las consagradas pareciera que el trabajo es el lugar para llevar a la acción la invitación del Señor, y ocupa un espacio central y grande en sus afectos. Pareciera, que hay concepciones y prioridades diferentes en lo laboral entre laicos y consagrados, algunas veces trabajando en algunas obras he sentido que esperan de los laicos lo mismo que de los consagrados, y eso no es posible.

Para mí muchas veces es un misterio saber qué transgrede o hiere la dignidad de consagradas y consagrados, qué les ocurre a nivel personal. Creo que laico/as y consagradas/os expresan el mundo de los afectos de manera diferente; tienen sistemas de límites diferentes; la crianza de los hijos y vivir en pareja ayuda a los laicos a ser flexibles y para los que viven en familia, cualquiera sea su forma, la construcción de acuerdos cotidianos es imprescindible para que la vida no sea un infierno; entre otras cosas.

Creo que deberíamos conversar y conocernos más, sincerar expectativas para encontrar formas de colaboración que no sean vividas como amenazantes. No tengo dudas qué el conocernos más va a ayudar a construir confianzas, nos va a enriquecer a nivel personal y quizás nosotros podamos darles respuestas que necesitan, como tantas veces las hemos recibido de ustedes. Tenemos mucho que aprender unos de otros.

Yo pediría humildemente a los y las consagradas, que aunque sea difícil, den el salto de confiar y creer en nosotros, especialmente en las mujeres, no sólo en aquellos laico/as que son extraordinario/as en su entrega, Dios habita en todos y todas y nos quiere decir algo a través de las personas más inesperadas.

Margarita Sprovera
Psicóloga Colaboradora CEI