Domingo de ramos

En la lectura del Evangelio, que escuchamos en el bandejón central de la Alameda, oímos la petición que hace Jesús a sus amigos de ir a “desatar” un asno, de traérselo para luego entrar con él a Jerusalén. Me parece que esta orden que da Jesús, “desátenlo y tráiganlo”, puede constituir para nosotros la invitación concreta para disponerse a vivir esta Semana Santa. Se trata de que nos desatemos de todo aquello que nos estorbe en el seguimiento de Jesús. Es la hora ya de desatarse de las miradas desesperanzadoras, de las tristezas que llevamos dentro, del malhumor, del stress que puede estar haciendo sufrir al colon más de la cuenta. No podemos permanecer por más tiempo atados y paralizados. Si hasta el asno tenía una tarea que cumplir. Se trata ahora de liberarnos de todo lo que nos oprime y nos cansa.

Un fruto que podemos conseguir en esta semana santa es que mirando a Jesús, sintiendo interiormente su dolor, nuestro corazón quede tan cautivado que decidamos nunca más separarnos de Él y comencemos a seguirlo sirviendo donde Él quiera disponer. Queremos que Jesús nos enseñe también a vivir la debilidad y a asumir el servicio consolar a los demás.

Hace una semana tuvimos la posibilidad de ver a una multitud de chilenos y chilenas corriendo la maratón por esta ciudad de Santiago. Todos ellos desde muy temprano copaban las calles intentando cada uno mejorar sus marcas deportivas. Habrían podido quedarse durmiendo en la camita, pero salieron a correr y se desataron del sueño y de la modorra, olvidaron sus preocupaciones y se lanzaron a una meta. Para esta Semana Santa ¡corramos amigos y amigas la maratón de Jesús! A esta maratón le lleva la cruz, pero esa cruz nos hace libres. Siendo fuertes en nuestra debilidad resucitaremos con el Señor.

¡Levantemos la rama que llevamos en la mano! Que esa ramita, símbolo del triunfo y de la paz que trae Jesús, sea llevada a la casa y con ello la bendición de Dios. También pueden llevarla a un amigo(a) que lo esté pasando mal, o a un enfermo, o al cementerio para recordar a alguien muy especial, o pueden regalarla a alguien que necesita que se le diga que la vida sigue siendo hermosa y que debe desatarse definitivamente de su pena.

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