Evangelio del Día (26 marzo al 01 abril 2018)

  • EVANGELIO DE HOY Lunes 26 de Marzo de 2018.  Lunes Santo. (Juan 12. 1-11)

1 Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. 2 Allí le prepararon un cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. 3 María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. 4 Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: 5 “¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?”. 6 Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. 7 Jesús le respondió: “Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. 8 A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre”.

 9 Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. 10 Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, 11 porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

AYUDA PARA TU ORACIÓN: Contemplemos la escena… ¿qué nos quiere decir hoy a nosotros este conflicto entre los discípulos? … ¿Nos ha ocurrido en nuestra vida de fe algo parecido? … ¿Hemos sentido a veces que compiten  la vida contemplativa con la vida  apostólica? … ¿Cuál creemos es más importante? … ¿o ambas? … ¿o se complementan y coexisten? … ¿Alguna vez hemos visto o sentido que alguien use  el trabajo por los pobres en provecho propio?…  ¿En qué podríamos constatar en nuestra vida que adoramos a Dios y al mismo tiempo trabajamos por la justicia apoyando  a los más pobres?…


  • EVANGELIO DE HOY Martes 27 de Marzo de 2018. Martes Santo. (Juan 13. 21-33. 36-38)

21 Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó claramente: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”.

 22 Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. 23 Uno de ellos –el discípulo al que Jesús amaba– estaba reclinado muy cerca de Jesús. 24 Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: “Pregúntale a quién se refiere”. 25Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: “Señor, ¿quién es?”. 26 Jesús le respondió: “Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato”. Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. 27 En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: “Realiza pronto lo que tienes que hacer”. 28 Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. 29 Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: “Compra lo que hace falta para la fiesta”, o bien que le mandaba dar algo a los pobres. 30 Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.

 31 Después que Judas salió, Jesús dijo: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha

 sido glorificado en él. 32 Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y

 lo hará muy pronto. 33 Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me

 buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: “A donde yo voy, ustedes no

 pueden venir”.   36 Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿adónde vas?”. Jesús le respondió: “A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás”. 37 Pedro le preguntó: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. 38 Jesús le respondió: “¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”.

AYUDA PARA TU ORACIÓN: Pedro promete todo … dice estar dispuesto a dar la vida por Jesús … Ya sabemos cómo actuó finalmente negándolo lleno de miedo. Recordemos nuestros buenos propósitos… Las promesas que hemos hecho en oración.  … Recordemos aquellas promesas  que nos ha costado más seguir … Volvamos a evaluarlas hoy y porqué no pudimos ser consecuente con ellas … Pidamos perdón y ayuda al Señor. … Igual que Pedro queremos ser capaz de entregar nuestra vida por El. ¿de qué forma?  …   Queremos seguirte ahora, Señor … ayúdanos  a cumplir ese sueño.


  • Miércoles 28 de Marzo de 2018. Miércoles Santo. (Mt 26, 14-25).

14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes 15 y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego?”. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. 16 Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.17 El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?”. 18 Él respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: “El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos””. 19 Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. 20 Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce 21 y, mientras comían, Jesús les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. 22 Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: “¿Seré yo, Señor?”. 23 Él respondió: “El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. 24 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”. 25 Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: “¿Seré yo, Maestro?”. “Tú lo has dicho”, le respondió Jesús.

AYUDA PARA TU ORACIÓN: ¿Seré yo …?  ¿Qué acciones u omisiones en nuestra vida equivalen a entregar a Jesús, negarlo o usarlo en beneficio personal? … ¿Seré yo ..? ¿Cuándo hemos usado a Jesús para tener mejores posiciones? …  … ¿Seré yo? … ¿Habremos traicionado a Jesús encarnado en algunos de nuestros hermanos? … ¿qué hacer  para evitarlo…?  En este miércoles de semana santa, en que en nuestras diócesis se celebra la misa crismal, elevamos al Señor una oración especial por nuestros amigos sacerdotes, aquellos que se la juegan por los más necesitados, aquellos que dan su vida por el evangelio, los que nos enorgullecen, los  que con humildad y servicio cumplen con la voluntad de Dios. Gracias por acompañarnos, gracias por su perseverancia. Juntos construiremos el Reino. Pensemos en aquellos sacerdotes más cercanos. … En silencio pronunciemos sus nombres. … Se los presentamos al Señor en esta semana tan especial.


  • Jueves 29 de Marzo de 2018. La Cena del Señor. Jueves Santo (Juan 13. 1-15.)

1 Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, 3 sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, 4 se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. 5 Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.

 6 Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”. 7 Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”. 8 “No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!”. Jesús le respondió: “Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”. 9 “Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”. 10 Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”. 11 Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”.

 12 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? 13 Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. 14 Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 15 Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.

AYUDA PARA TU ORACIÓN: Recordemos  cuando nos hemos puesto al servicio de quienes nos ven como superiores … en la casa … en el trabajo, … en los estudios en la comunidad. ¿qué ha pasado? … Nosotros sirviéndoles … y ellos nos ven como con autoridad sobre ellos … ¿A quienes creemos que debemos servir con humildad? … Pensemos en nuestro grupo más cercano … ¿dónde hay más necesidad de que lavemos  sus pies? … ¿Cómo servirles con humildad? … ¿a quienes?


  • Viernes 30 de Marzo de 2018. Pasión del Señor. (Juan 18. 1- 19. 42). Viernes Santo.

Después de decir esto, Jesús salió con sus discípulos para ir al otro lado del arroyo de Cedrón. Allí había un huerto, donde Jesús entró con sus discípulos. También Judas, el que lo estaba traicionando, conocía el lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. Así que Judas llegó con una tropa de soldados y con algunos guardianes del templo enviados por los jefes de los sacerdotes y por los fariseos. Estaban armados, y llevaban lámparas y antorchas. Pero como Jesús ya sabía todo lo que le iba a pasar, salió y les preguntó:
—¿A quién buscan?

Ellos le contestaron:
—A Jesús de Nazaret.

Jesús dijo:
—Yo soy.

Judas, el que lo estaba traicionando, se encontraba allí con ellos. Cuando Jesús les dijo: “Yo soy”, se echaron hacia atrás y cayeron al suelo. Jesús volvió a preguntarles:
—¿A quién buscan?

Y ellos repitieron:
—A Jesús de Nazaret.

Jesús les dijo otra vez:
—Ya les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que estos otros se vayan.

Esto sucedió para que se cumpliera lo que Jesús mismo había dicho: “Padre, de los que me diste, no se perdió ninguno.” Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó y le cortó la oreja derecha a uno llamado Malco, que era criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo a Pedro:
—Vuelve a poner la espada en su lugar. Si el Padre me da a beber este trago amargo, ¿acaso no habré de beberlo?
Los soldados de la tropa, con su comandante y los guardianes judíos del templo, arrestaron a Jesús y lo ataron. Lo llevaron primero a la casa de Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Este Caifás era el mismo que había dicho a los judíos que era mejor para ellos que un solo hombre muriera por el pueblo.

Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. El otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, de modo que entró con Jesús en la casa; pero Pedro se quedó fuera, a la puerta. Por esto, el discípulo conocido del sumo sacerdote salió y habló con la portera, e hizo entrar a Pedro. La portera le preguntó a Pedro:
—¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?

Pedro contestó:
—No, no lo soy.
Como hacía frío, los criados y los guardianes del templo habían hecho fuego, y estaban allí calentándose. Pedro también estaba con ellos, calentándose junto al fuego.
El sumo sacerdote comenzó a preguntarle a Jesús acerca de sus discípulos y de lo que él enseñaba. Jesús le dijo:

—Yo he hablado públicamente delante de todo el mundo; siempre he enseñado en las sinagogas y en el templo, donde se reúnen todos los judíos; así que no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntales a los que me han escuchado, y que ellos digan de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho.

Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardianes del templo le dio una bofetada, diciéndole:
—¿Así contestas al sumo sacerdote?

Jesús le respondió:
—Si he dicho algo malo, dime en qué ha consistido; y si lo que he dicho está bien, ¿por qué me pegas?

Entonces Anás lo envió, atado, a Caifás, el sumo sacerdote.

Entre tanto, Pedro seguía allí, calentándose junto al fuego. Le preguntaron:
—¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?

Pedro lo negó, diciendo:
—No, no lo soy.

Luego le preguntó uno de los criados del sumo sacerdote, pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja:
—¿No te vi con él en el huerto?

Pedro lo negó otra vez, y en ese mismo instante cantó el gallo.

Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Como ya comenzaba a amanecer, los judíos no entraron en el palacio, pues de lo contrario faltarían a las leyes sobre la pureza ritual y entonces no podrían comer la cena de Pascua. Por eso Pilato salió a hablarles. Les dijo:
—¿De qué acusan a este hombre?
—Si no fuera un criminal —le contestaron—, no te lo habríamos entregado.

Pilato les dijo:
—Llévenselo ustedes, y júzguenlo conforme a su propia ley.

Pero las autoridades judías contestaron:
—Los judíos no tenemos el derecho de dar muerte a nadie.

Así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir. Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó:
—¿Eres tú el Rey de los judíos?

Jesús le dijo:
—¿Eso lo preguntas tú por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de mí?

Le contestó Pilato:
—¿Acaso yo soy judío? Los de tu nación y los jefes de los sacerdotes son los que te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

Jesús le contestó:
—Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.

Le preguntó entonces Pilato:
—¿Así que tú eres rey?

Jesús le contestó:
—Tú lo has dicho: soy rey. Yo nací y vine al mundo para decir lo que es la verdad. Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan.

Pilato le dijo:
—¿Y qué es la verdad?

Después de hacer esta pregunta, Pilato salió otra vez a hablar con los judíos, y les dijo:
—Yo no encuentro ningún delito en este hombre. Pero ustedes tienen la costumbre de que yo les suelte un preso durante la fiesta de la Pascua: ¿quieren que les deje libre al Rey de los judíos?

Todos volvieron a gritar:
—¡A ese no! ¡Suelta a Barrabás!

Y Barrabás era un bandido.
Pilato tomó entonces a Jesús y mandó azotarlo. Los soldados trenzaron una corona de espinas, la pusieron en la cabeza de Jesús y lo vistieron con una capa de color rojo oscuro. Luego se acercaron a él, diciendo:
—¡Viva el Rey de los judíos!

Y le pegaban en la cara.

Pilato volvió a salir, y les dijo:
—Miren, aquí lo traigo, para que se den cuenta de que no encuentro en él ningún delito.

Salió, pues, Jesús, con la corona de espinas en la cabeza y vestido con aquella capa de color rojo oscuro. Pilato dijo:
—¡Ahí tienen a este hombre!

Cuando lo vieron los jefes de los sacerdotes y los guardianes del templo, comenzaron a gritar:
—¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!

Pilato les dijo:
—Pues llévenselo y crucifíquenlo ustedes, porque yo no encuentro ningún delito en él.

Las autoridades judías le contestaron:
—Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se ha hecho pasar por Hijo de Dios.

Al oir esto, Pilato tuvo más miedo todavía. Entró de nuevo en el palacio y le preguntó a Jesús:
—¿De dónde eres tú?

Pero Jesús no le contestó nada. Pilato le dijo:
—¿Es que no me vas a contestar? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, lo mismo que para ponerte en libertad?

Entonces Jesús le contestó:
—No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si Dios no te lo hubiera permitido; por eso, el que me entregó a ti es más culpable de pecado que tú.

Desde aquel momento, Pilato buscaba la manera de dejar libre a Jesús; pero los judíos le gritaron:
—¡Si lo dejas libre, no eres amigo del emperador! ¡Cualquiera que se hace rey, es enemigo del emperador!

Pilato, al oir esto, sacó a Jesús, y luego se sentó en el tribunal, en el lugar que en hebreo se llamaba Gabatá, que quiere decir El Empedrado. Era el día antes de la Pascua, como al mediodía. Pilato dijo a los judíos:
—¡Ahí tienen a su rey!

Pero ellos gritaron:
—¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!

Pilato les preguntó:
—¿Acaso voy a crucificar a su rey?

Y los jefes de los sacerdotes le contestaron:
—¡Nosotros no tenemos más rey que el emperador!

Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.

Jesús salió llevando su cruz, para ir al llamado “Lugar de la Calavera” (que en hebreo se llama Gólgota). Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, quedando Jesús en el medio. Pilato escribió un letrero que decía: “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos”, y lo mandó poner sobre la cruz. Muchos judíos leyeron aquel letrero, porque el lugar donde crucificaron a Jesús estaba cerca de la ciudad, y el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego. Por eso, los jefes de los sacerdotes judíos dijeron a Pilato:
—No escribas: ‘Rey de los judíos’, sino escribe: ‘El que dice ser Rey de los judíos’.

Pero Pilato les contestó:
—Lo que he escrito, escrito lo dejo.

Después que los soldados crucificaron a Jesús, recogieron su ropa y la repartieron en cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también la túnica, pero como era sin costura, tejida de arriba abajo de una sola pieza, los soldados se dijeron unos a otros:
—No la rompamos, sino echémosla a suertes, a ver a quién le toca.

Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron entre sí mi ropa, y echaron a suertes mi túnica.” Esto fue lo que hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre, y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho, dijo a su madre:
—Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Luego le dijo al discípulo:
—Ahí tienes a tu madre.

Desde entonces, ese discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, como Jesús sabía que ya todo se había cumplido, y para que se cumpliera la Escritura, dijo:
—Tengo sed.

Había allí un jarro lleno de vino agrio. Empaparon una esponja en el vino, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús bebió el vino agrio, y dijo:
—Todo está cumplido.

Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.

Era el día antes de la Pascua, y los judíos no querían que los cuerpos quedaran en las cruces durante el sábado, pues precisamente aquel sábado era muy solemne. Por eso le pidieron a Pilato que ordenara quebrar las piernas a los crucificados y que quitaran de allí los cuerpos. Los soldados fueron entonces y le quebraron las piernas al primero, y también al otro que estaba crucificado junto a Jesús. Pero al acercarse a Jesús, vieron que ya estaba muerto. Por eso no le quebraron las piernas.

Sin embargo, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua. El que cuenta esto es uno que lo vio, y dice la verdad; él sabe que dice la verdad, para que ustedes también crean. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ningún hueso.” Y en otra parte, la Escritura dice: “Mirarán al que traspasaron.”

Después de esto, José, el de Arimatea, pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. José era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a las autoridades judías. Pilato le dio permiso, y José fue y se llevó el cuerpo. También Nicodemo, el que una noche fue a hablar con Jesús, llegó con unos treinta kilos de un perfume, mezcla de mirra y áloe. Así pues, José y Nicodemo tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas empapadas en aquel perfume, según la costumbre que siguen los judíos para enterrar a los muertos. En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde todavía no habían puesto a nadie. Allí pusieron el cuerpo de Jesús, porque el sepulcro estaba cerca y porque ya iba a empezar el sábado de los judíos.

AYUDA PARA TU ORACIÓN: … Contemplemos la escena con tranquilidad … Identifiquemos a los personajes y los traemos  a nuestra  vida personal de hoy.
… Ante la cruz, revisemos nuestra vida cercana. ¿Qué hemos hecho por ti Señor? ¿Cómo nuestra vida ha estado al servicio y gloria del Padre? ¿Qué hemos hecho por Cristo?

… Ante la cruz, pensemos en nuestro  presente, nuestras  prioridades, nuestras actividades.
… ¿Qué estamos haciendo por ti, Señor?
… Ante la cruz, revisemos nuestros propósitos,…  nuestras enmiendas,   … nuestra nueva vida,… ¿Qué estamos dispuesto a hacer de aquí en adelante por Cristo crucificado?


  • Sábado 31 de Marzo de 2018. Vigilia Pascual. (Mateo 28, 1-10). Sábado Santo.

1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. 2 De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. 4 Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. 5 El Ángel dijo a las mujeres: “No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. 6 No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, 7 y vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es lo que tenía que decirles”. 8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9 De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. 10 Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”.

 

AYUDA PARA TU ORACIÓN: Jesús venció a la muerte… ¡resucitó! … pensemos en los signos de muerte en nuestra vida … nuestras angustias … nuestros problemas … nuestros temores … ¡no existen! … Con Jesús se acaban … la vida es más que la muerte … la vida plena … la vida feliz.  Todas las angustias se quedan en un sepulcro que está vacío … la oscuridad fue vencida por la luz … la luz de Jesús.  Es Jesús a quien amamos y seguimos el que se nos presenta en nuestras vidas como  verdadero Dios, resucitado!! …¿Qué sentimos? …


  • Domingo 1 de Abril de 2018. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor. (Juan 20, 1-9). Pascua de Resurrección.

1 El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 2 Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.

 3 Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 5 Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 6 Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo 7 y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él vio y creyó. 9 Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

AYUDA PARA TU ORACIÓN: Los discípulos creen cuando se encuentran con la tumba vacía. ¿Qué es lo que a nosotros nos ha llevado a creer con más firmeza? … ¿Cuál es nuestra tumba vacía? … Recordemos aquellos momentos en que la divinidad de Jesús se nos ha hecho más evidente… aquellos momentos en que ha aumentado nuestra fe… ¿qué hacer para repetirlos?

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