Examinar mi vida al modo ignaciano y el significado de “la Pausa”

En los tiempos que vivimos es muy fácil perder el foco y preguntarnos ¿para qué me muevo tanto y corro de un lado para otro?  En efecto, se nos va perdiendo el encanto de los grandes deseos y motivos para la realización personal. La rutina y el estrés nos cansan y desgastan, volviéndonos, muchas veces, autómatas, repetidores de estilos de vida.

Nuestros deseos más hondos, se nos escapan en la gran superficie de lo no trascendental. Así, las apariencias nos van engañando, los comentarios sin mayor fundamento se asumen como propios; no hay suficiente silencio para detenernos en la verdad, la verdad profunda de lo que Dios quiere para cada uno y, así, poder vivirla, no en soledad, sino en comunidad y pertenencia solidaria.

Muchos arriesgamos el vivir disociados. El orden y el desorden coexisten. A ratos nos encontramos en espacios de orden, de sentido y claridad con los sentimientos de Jesús, aquel de desear “en todo amar y servir, con alegría”, para así ser discípulos lúcidos y dispuestos. Sin embargo, de pronto nos encontramos instalados en la división y nos perdemos en el individualismo, la competencia y la frialdad. Son tantas las ocasiones en las que experimentamos ese conflicto interno, entre orden y desorden y, si derivan en autoengaño, nos causan dolor y lejanía de Dios.

Cada vez más, necesitamos aprender a detenernos, a parar en medio de la vida y examinarnos.

Es la invitación de San Ignacio de Loyola. Él nos sugiere que aprendamos una forma regular y diaria de recuperar nuestro rumbo, para encaminarnos en nuestra auténtica y particular vocación de ser personas únicas, en permanente crecimiento en madurez y libertad para amar al modo del “sueño de Dios con cada uno de sus hijos”.

En este taller orientado a “Examinar la vida”, podremos valorar y practicar el ejercicio de detenernos para aumentar nuestra conciencia de ser dueños de nuestro crecimiento y autoconocimiento, de reconocer cómo pasa el Señor en nuestra vida diaria y reestablecer una y otra vez, el mayor orden e intención en el proyecto de vida.

El taller nos permitirá reflexionar en el hoy, nuestras habilidades y limitaciones para realizar un buen examen personal, de modo de llegar a incorporarlo en una práctica de vida iluminadora, sanadora, responsable, que nos permitirá aportar al bien mayor de la comunidad a la que se pertenece, familia, trabajo y comunidad de Iglesia, a la que formamos parte.

San Ignacio de Loyola realizó un gran aporte a la práctica del Examen, desde su propia experiencia (autobiografía 99). Después de su conversión empezó a usar el examen de diferentes modos, se vio positivamente sorprendido por la eficacia de este instrumento para un autoconocimiento que permitiera un mayor y mejor conocimiento de la voluntad de Dios.

Reconoció en sí mismo y en sus acompañados y compañeros, que en todos existen aspectos conflictivos internos, movimientos, tensiones, ambivalencias, que son difíciles de observar, de analizar y lograr manejar y ordenar, para el propio bien y el otros.

Las diversas modalidades de examinar que, como un modo de oración, nos propone San Ignacio de Loyola, son de una gran riqueza y valor. Ellas serán revisadas y conocidas en detalle en esta oportunidad.

Los invitamos a este taller, el que terminará con una sesión de profundización personal, esto es, en una experiencia de realizar un examen al modo propuesto por San Ignacio.

Mónica Poblete I. y Juan Díaz SJ.

 Participa en este taller! (clic aquí):

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