¿Laicos o seguidores? Sobre la identidad de los laicos y laicas

Reflexión Mensual –  Septiembre 2018

Hoy estamos invitados a dejar las respuestas conocidas y volver a legitimar las preguntas que trascienden las respuestas. ¿Son las preguntas las nuevas o son las respuestas? ¿Cambió el contexto de la pregunta o cambió el contexto de la respuesta?

¿Será este el tiempo de los laicos? ¿Y de quién era el tiempo antes? A propósito, ¿quiénes son los laicos? ¿Es la crisis eclesial en Chile la que hace reaparecer a los laicos?

Cuántas veces hemos escuchado que los laicos están más lejos de Cristo, no así los sacerdotes y consagrados. Pero, ¿qué es eso de estar más cerca de Cristo o de seguir a Cristo más de cerca? ¿Cuándo decidimos como laicos (as) seguirlo más de lejos? ¿Se decide seguir a Cristo más de lejos? ¿Somos los laicos (as) los que siguen a Cristo más de lejos? ¿Podemos los laicos (as) seguir a Cristo más de cerca? Si laico (a) es aquel que no se encuentra bajo órdenes clericales,

¿Bajo qué orden se encuentra? Si el laico está llamado a santificar las obligaciones ordinarias, ¿Los sacerdotes santifican las obligaciones extraordinarias? ¿Por qué en la lista de los santos canonizados los laicos (as) son minoría si el pueblo fiel católico en su mayoría es laico? Si Cristo es la vid y los laicos los sarmientos, ¿podemos decir que Jesús era laico?

Y aparecen nuevas palabras que juegan entre sí, formando nuevas preguntas, nuevas interpelaciones, las dejamos aparecer, las legitimamos, incluso sin comprender bien hacia donde nos llevan:

¿Siervos o servidos?
¿Rebajados o enaltecidos?
¿Súbditos o reyes?
¿Quiénes somos los laicos?

Acallemos por un momento el vértigo de responder a estas preguntas, dejemos que el ego; mareo del espíritu, acalle sus ideas preconcebidas, sus respuestas sabidas, para que permee la sabiduría de Cristo en el silencio… hemos tenido como iglesia respuesta para casi todo, ¿o todo? incluso para la vida después de la muerte. Pero nuestras respuestas se entrampan en discursos aprendidos, discursos por lo demás muy masculinos, que han interpretado y sobre-protagonizado esta honda, profunda, trágica y santa historia de la iglesia, una santidad de altar mayoritariamente clerical, que los laicos hemos alimentado humilde y confiadamente con nuestra devoción.

Los laicos queremos seguir a Cristo, queremos reaprender de la sabiduría de Cristo que supera por ¡muy lejos! nuestras acotadas y repetidas respuestas. Tenemos la intuición de que nuestro nombre es “seguidores”, los laicos nos sentimos seguidores de Cristo. Al ser todos seguidores caminamos todos juntos, los siervos y los servidos, los rebajados y enaltecidos, los súbditos y reyes, simplemente todos somos seguidores de este hombre que “a pesar de su condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.”(cfr. Filipenses 2)

Lorena Contreras Yévenes
Fundación Belén Educa

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