Lanzamiento de libro:

Juan Ochagavía: un pasajero en tránsito

“Estoy muy agradecido”, dijo el P. Juan Ochagavía sj. en el lanzamiento de su libro Pasajero en tránsito. Relato de mi vida, y en el que cuenta su trayectoria eclesial y de servicio a los demás, como también parte de su infancia y vida personal.

“En 1962 cuando viajaba a Roma al Concilio Vaticano II en un avión con  varios obispos de Sudamérica y en una escala en Río de Janeiro, leí el letrero pasajero en tránsito y pensé “eso soy yo en esta vida”, recordó Juan Ochagavía sj., en la actividad.

Con expectación se llevó a cabo la ceremonia. Amigos, familiares, laicos, religiosas y sacerdotes esperaban ansiosos escucharlo.  El P. Juan Díaz sj., Director del Centro de Espiritualidad Ignaciana, dio el inicio y luego el pase al P. Tony Mifsud sj., quien estuvo a cargo de moderar a los presentadores: la teóloga Laura Edwards y el sacerdote jesuita José Arteaga sj.

El P. José Arteaga sj. contó que le impresionó la sencillez y “apertura al compartir alegrías, consolaciones, éxitos, debilidades, temores penas, frustraciones y rabias” del P. Juan Ochagavía sj., y que “el tono del relato es de un sano y sólido optimismo creyente”.

Laura Edwards, teóloga y amiga del P. Juan Ochagavía sj., comentó las anécdotas de la infancia del sacerdote descritas en el libro. La delicadeza del padre con que narra lo que observaba cuando niño: los árboles, la luz del sol entre las hojas, los olores, cuando salía a pasear por la plaza de Talagante, el sonido de  los pájaros; y cómo vivir en la naturaleza lo hizo más sensible a ella. También contó cómo conoció al Padre Hurtado, que fue en un recreo en el Colegio San Ignacio, cuando se le acercó un sacerdote que le dijo “Hola Primo”; o cuando el padre describe su trabajo con el Padre General  Hans Kolvenbach en Roma, época en que “recorrió, prácticamente, medio mundo”, dijo la teóloga.

Luego de 40 minutos, el micrófono llegó a manos del padre Ochagavía sj., quien lo dejó encima de la mesa para sacar un papel blanco y doblado de su vestón. Lo abrió y tomó el micrófono: “Soy mejor escribiendo que hablando. Estoy muy agradecido”, dijo.

Dio gracias al Provincial por haberlo motivado a escribir el libro. En un principio le fue difícil porque “no se habla de uno” ­–como le enseñó su abuelo Silvestre­­­­-; pero finalmente reconoció que le hizo muy bien viajar a cada recuerdo, por muy lejano que fuese, y llevarlos al papel.

Como Centro de Espiritualidad Ignaciana, invitamos a todas las personas a conocer esta auténtica historia autobiográfica donde el lector también podrá remontar hitos históricos y distintos contextos de Santiago y el mundo desde los años 20’ hasta hoy.

¡Adquiere un ejemplar en nuestra librería ubicada en Lord Cochrane 110, 2do. piso (esquina Alonso Ovalle)!

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