Los nuevos Patroncitos

El mes de agosto nos habla de Alberto Hurtado. De este sacerdote jesuita que en solo 52 años de vida hizo vibrar a Chile entero y que sigue haciéndonos vibrar hasta hoy cuando escuchamos nuevamente sus palabras y contemplamos sus acciones en defensa de la dignidad de los pobres y de los jóvenes de nuestro país. Un expresidente de la República lo llamó “nuevo Padre de la Patria”. Agosto es el mes de la solidaridad. Es el mes del Padre Hurtado.

Alberto Hurtado solía llamar “patroncito” a todo aquel que se le acercaba buscando una palabra de apoyo, o un techo para dormir, o un acto de justicia, o una pista para encontrarse con Dios. Todos eran sus “patroncitos”.

Quiero referirme a quienes hoy podrían ser sus nuevos patroncitos: los niños y jóvenes estudiantes que se educan en los colegios municipalizados y subvencionados, los que lo hacen con esfuerzo en medio de situaciones de alta vulnerabilidad. De ellos decía: “el alma del niño está llena de sueños que hay que orientar y dirigir, pero no pretender arrancar, pues sería la muerte de la espontaneidad del niño. Las cosas no son lo mismo para el niño que para el sabio. La luna está llena de ilusiones que desconoce el sabio; el perro del [científico] naturalista es el canis–canis: para el niño es Dick, Cholo, que tienen una historia ligada a la de él; las flores, los animales… todo. Hay que adueñarse del niño partiendo de lo que tiene y enriqueciéndolo. Al suponerlo vacío se lo mata y sacrifica”[1].

No dudaba en afirmar el Padre Hurtado que los jóvenes tienen vocación de liderazgo, que el liderazgo está latente en sus corazones. Por eso decía que desde temprano había que educar a los niños(as) en valores, y especialmente educarlos en el sentido del esfuerzo: “en la vida nada puede reemplazar el esfuerzo, ni los dones de naturaleza: inteligencia, bondad, ni la fortuna, ni la salud, ni la ciencia, ni siquiera el esfuerzo de los que nos aman. El hombre ha de marchar en la vida solo con el esfuerzo como compañero… Un hombre, por más que tenga todo lo que pueda satisfacerlo, será el más pobre y miserable de los seres si es incapaz de esfuerzo. Un día llegará en que se encontrará sólo frente a sí mismo, y si no sabe sobreponerse a las preocupaciones, las angustias, las inquietudes de la vida; si no sabe luchar, si no sabe resistir los instintos del egoísmo, si no busca más que su gozo, será uno más de los grandes vencidos de la vida”[2]. Por tanto, hay que ayudar a los “patroncitos” no a la búsqueda de conquistas fáciles ni a que vuelen bajo. Más bien “hay que hacerle gustar lo que es bueno y bello; hacerle amar desde pequeño el orden y la franqueza. El niño no ama los que le adulan, sino los que le incitan y ayudan a ser alguien”[3].

Un consejo para los formadores de niños y jóvenes: “No cumplen su misión de educadores, aquellos establecimientos donde los alumnos no encuentran en el educador al amigo, sino únicamente al profesor que cree haber cumplido su misión enseñándole bien la ciencia y preparando un examen brillante. Eso no es educar, sino instruir, y lo que valoriza la vida no es la instrucción sino la educación. La instrucción da algo al hombre, pero no lo hace mejor y lo que importa en la vida no es tener algo, sino ser algo”[4].

El mes de agosto es el mes de estos “nuevos patroncitos”.

[1] Archivo del Padre Hurtado, S 36 y 17.
[2] Archivo del Padre Hurtado, S 23 y 12.
[3] Archivo del Padre Hurtado, S 23 y 12.
[4] Revista Estudios 51, pág. 32.

5 comentarios en “Los nuevos Patroncitos

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>