Un nuevo año

Un nuevo año se aproxima, salgamos a sembrar nuevas semillas de Paz y que la Esperanza vuelva a florecer en nuestros corazones.

Permitamos a nuestros corazones soñar que no serán colmados de falsa seguridad, de paz aparente, por el contrario pongámonos en camino y colaboremos en la construcción de la Justicia y la promoción de la verdadera Paz, que no es sinónimo de ausencia de conflicto, sino de Libertad de pensamiento y Acción, que viene del Dios hecho Hombre entre nosotros. Aquel que enseña el camino del respeto y dignidad por todos y a todo. Humanicemos juntos, sin violencia, sin que el miedo sea nuestro gobernante interior; sino la Confianza, la Bondad y el Servicio al otro, y a toda la creación. Reverenciemos al ser humano, reconociendo en él la presencia de Dios que lo habita; cuidemos la vida, escuchemos los gritos por Solidaridad y Fraternidad, y empaticemos.

Salgamos a bendecir y ser una bendición, permitiendo al otro ser quien de verdad es. Seamos agradecidos, que no quiere decir conformarse y vivir alienados, sino deseosos de cultivar la memoria de ser lo que Dios tiene de más precioso en este mundo, sus Hijos, saberse amados y acompañados por Él, y nos sentiremos personas más felices, comprometidos en cuidar lo que es nuestro, potencializando la conciencia ecológica.

Francisco en su mensaje para el 01 enero de 2020, nos dice:

«El mundo no necesita palabras vacías, sino testigos convencidos, artesanos de la paz abiertos al diálogo sin exclusión ni manipulación». Sea éste uno de nuestros deseos más profundos y que nos lance a buscar la edificación del ser humano y la humanización.

Selia Paludo
Sub Dirección Centro de Espiritualidad Ignaciana

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