PALABRAS: Perdón y Resurrección del pecador, por Fernando Polanco SJ.

   
     
 
El resucitado perdona al pecador
 
Fernando Polanco SJ.
Equipo Centro de Espiritualidad Ignaciana
 
 

Simón de Juan, ¿me quieres más que estos?
Le responde:- Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Le dice: – Apacienta mis corderos.
Le pregunta por segunda vez: – Simón de Juan, ¿me quieres?
Le responde: – Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Le dice: – Apacienta mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta: – Simón de Juan, ¿me quieres?
Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez y le dijo: – Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.
Le dice:- Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro, cuando eras mozo, tú mismo te ceñías e ibas a dónde querías; cuando envejezcas, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieres (Lo decía indicando con qué muerte había de glorificar a Dios).
Dicho esto añadió: – Sígueme.
Juan 21, 15-19

 
     
 

Hoy vengo ante ti Señor con el peso de mis faltas, implorando de tu misericordia. Ayúdame, que soy un pobre pecador y no sé bien lo perdido que estoy. No sé bien ni siquiera lo que te quiero decir. Me siento mal, me duele el corazón. Me siento un gran incoherente delante de ti, delante de los demás, delante de quienes ofendí. ¡Qué vergüenza, Santo Dios!. Quisiera olvidar, borrar mi memoria, despertar de un sueño, pero no puedo y me ahogo, me pesa la culpa, me duele el corazón. No hay cuenta para las tantas veces que te niego. Se repiten las mismas cosas, veo la trama del "proceso de mis pecados", el fondo de mis actitudes y ahí está lo irreparable, lo que no tiene arreglo posible más que volviendo a ti. Y aquí estoy con el corazón en las manos. Me preocupa que tan sólo busque un desahogo de la herida interna, reparar mi auto-imagen desecha. Tengo miedo de claudicar de mí mismo. ¡Sostenme Señor! perdóname. Hazme mirar que es a ti a quien ofendo. Escucho voces que me aconsejan despachar toda esta realidad pecadora con una simple compresión de que las cosas son así o que lo tome con calma… pero no puedo y se le agiganta a uno lo contrario, se le crece a uno el auto-encerramiento y exagero mi terrible pérdida. ¿Qué significa tu perdón Señor? ¿A qué sabe tu misericordia? ¿Es este el momento de pleitear contigo la miseria que soy? ¿Por qué diablos no puedo ser bueno? ¡Qué enredo, Señor! Y eres tú el que me amas Señor…

Estoy acorralado y no me queda más salida que verme como un pecador amado! Y es así… verme así es mi salvación. Es verdad. ¡Qué lucha la mía en verme justo y no así pecador!. ¡Qué soberbia la mía la de no dejarme amar como pecador! Quisiera ser un justo ante ti y me prefiero darme pena. Así es, la culpa y la soberbia son tan hermanas, la auto-pena y el orgullo se abrazan. ¡Qué cosa, eh! Ven Señor. Ayúdame tú, Dios Padre del perdón y de la misericordia. Quiero corresponderte al menos en algo.

¿Cómo te correspondo luego de mi falta Señor? ¿Cómo es que amas al pecador? Espero largo rato y me pongo a ojear las Escrituras. Miro aquí y allá en tu Evangelio, me detengo y leo tu encuentro con Pedro en el lago… y me dices que contemple tu rostro sobre Pedro. Y ¡qué sorpresa Santo Dios! Dios del cielo, en mi culpa tu hijo es la correspondencia que tengo contigo. Me haces que mire el rostro de Jesús. Algo tuyo me susurra que me sigues amando, no sé cómo te presiento y me haces que me diga a mí mismo que me perdonas con Jesús. Es por Jesús que amas al pecador. ¿Con qué cara me presento ante ti Señor? Con la que tiene Jesús. Eso me dices. Eso me quieres decir. ¿Me amas más que a estos? Apacienta mis ovejas.

Al final Pedro supo, mirando al Resucitado, que habiéndole fallado tanto, ahora la certeza de su amor no le viene de su propia justicia, sino tan sólo de esa mirada del Resucitado. El amor que le tiene a Jesús no le viene de sí mismo sino que le viene del mismo Jesús: ¡tú Señor sabes que te amo! ¡Tú mismo Resucitado, habiéndote fallado tanto, tú mismo resucitas el amor en nosotros para que podamos amar siempre! Y ese Pedro que te negó en la cruz, ahora por tu fuerza Resucitado, ya no podrá negarte e irá a morir en una cruz. Gracias Señor por resucitar el amor en el pecador. Amén!

 
  Conoce el Programa 2017-2018 (clic aquí)  
     
  ***