PALABRAS: En estado de alerta, por Selia Paludo


En estado de Alerta
Selia Paludo

Estamos habituados a una geografía que manifiesta las fuerzas de las aguas, del fuego, del movimiento sísmico, ya no nos sorprende en sus manifestaciones. Nos asustamos, no porque sea novedad, sino porque es impresionante la magnitud y el poder que cada elemento trae en sí. Las señales de su paso son visibles por todos lados, dejan secuelas y marcas que quedan registradas en la memoria. ¿Nos habremos acostumbrados a esta dinámica, por lo que cuando sentimos tiempos de tranquilidad nos ponemos a la espera de algo malo que debe venir? ¿O tenemos la capacidad de convivir con estas situaciones?

¿Podríamos cotejar estos fenómenos de la naturaleza con nuestra realidad de personas creadas con infinitas posibilidades? Creo que sí, algunas veces nos adaptamos a ciertas situaciones de la vida en que ya ni la conciencia nos ayuda a recordar que las cosas podrían ser distintas, para mejor; que hay formas diversas de reaccionar y actuar frente a las circunstancias de la vida. Nos encerramos en una peculiaridad de pensar, haciendo la síntesis del texto antes de leerlo en su totalidad, impidiendo, de este modo, ver las sutilezas de cada línea del gran mensaje que está escrito a lo largo de la historia.

Tomar cierta distancia y mirar el amplio horizonte en su diversidad es un desafío constante, lo debemos asumir, pues nos provoca, nos lleva a lo nuevo, a la capacidad de salir de nuestro individualismo, ir hacia afuera. Nos permite despertar y percibir que hay nuevas opciones, nuevas soluciones que nos traerían mayor bien, mejores formas de mirar y llevar nuestros problemas, nuestros dolores. Nos deslumbra descubrir que las sombras tienen su belleza, que como en una obra de arte todo depende de la mirada, el énfasis que le colocamos; del sentido que damos a lo que vivimos. Es como usar lentes de contacto, nos permite ver la misma realidad con otros ojos, dejándonos afectar por ella.

Los tiempos en que vivimos no son fáciles sobre todo para quienes deseamos mantener una actitud de vigilancia sobre nosotros mismos. La sociedad nos acelera, nos cobra y exige todo para ayer, terminamos haciendo como rutina nuestro quehacer. Muchas veces terminada una labor nos sentimos con gusto amargo, nos preguntamos qué podría haber sido distinto y si es realmente esto lo que desea Dios para nosotros.
Hay que reinventarse y hacerse artista de la propia vida, innovando y ordenando los deseos y afectos para una vida más plena, más feliz, más en armonía con lo que Dios quiere para nosotros.

San Ignacio de Loyola vivió diversos episodios que lo pusieron en situaciones donde tuvo que releer los acontecimientos y percibir lo que estaba en el fondo, lo que estaba movilizando su situación. La capacidad de abrirse, al costo de negarse a la propia voluntad, su vanidad, sus sueños, sus deseos de hombre del “mundo” para leer entre las líneas lo que Dios estaba escribiendo en su vida.

Ignacio de Loyola hasta los 26 años fue hombre dado a las vanidades del mundo, principalmente gozaba en el ejercicio de las armas, con un deseo grande de ganar honra, que cultivaba un inmenso cuidado con su belleza exterior, en ser un hombre “perfecto”. Como estaba dedicado a cultivarlos, no podía ver, ni sentir la realidad transcendente que Dios le ofrecía, pues él mismo después del accidente con su pierna, se preocupa de mantener su apariencia física perfecta, no queriendo aparentar su deficiencia; está dispuesto a pasar los dolores menos pensados para recuperarla. Es en medio de este drama que Dios encuentra la manera de comunicarse con él, de hacerle ver que existen otras posibilidades de realizarse en la vida y que en situaciones que parecen imposibles Él puede actuar si ponemos los medios.

Las sutilezas que Dios tiene en manifestarse no son las mismas que tenemos nosotros. Él siempre está como el maestro, presto a enseñarnos, por ello hay que entrar en su “escuela” y aprender de Él, discerniendo cómo se introduce en nuestra vida. Desde nuestra óptica humana es difícil comprender los misterios de Dios nuestro Señor, incluso hay situaciones que más que entenderlas, necesitamos encontrarle su sentido.

Hay un centinela que debemos mantener frente a los hechos de la vida, respecto a lo que nos mueve internamente, buscando su sentido, ordenando las búsquedas, los deseos, las motivaciones; cultivando la atención y el  autocuidado de nuestro mundo interior. Debemos aprender a cultivar en nosotros una mirada de discernimiento sobre los hechos, sobre nuestros propios deseos, y poder sacar el mayor provecho en todo los que vivamos, permitiendo que Dios pueda, por medios de nosotros, hacer el bien y nosotros con Él hacer un bien mayor.

 
DESTACAMOS
TALLER: ENEAGRAMA Y DESARROLLO HUMANO
Un camino hacia sí mismo
06, 07, 08, 13 y 15 junio | 5 sesiones | 19:30 hrs. | Colegio El Carmen Teresiano La Reina
M. Angélica Anjari
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