Renovación espiritual para laicos y laicas

Hay un deseo, en lo más profundo de cada persona cristiana, de tener una relación constante y agradable con Dios. Muchos se esfuerzan por darse un tiempo para rezar más u orar mejor, ir a Misa y participar de la Eucaristía, pedir perdón y reconciliarse con Dios y los hermanos, volver a sentir lo maravilloso de ser hijos e hijas amadas de Dios-Padre. Y como suele suceder con los deseos, muchas veces se quedan en la buena intención o la posibilidad teórica y después nos lamentamos porque no se concretaron, se los llevó el viento…

 

En los afanes y exigencias de los quehaceres cotidianos y del trabajo que permite llevar el pan a nuestros hogares, podemos caer en la confusión de valorar más los dones y oportunidades que al Donador. Nos puede hacer caer la tentación de adorar al  ídolo de éxito y progreso en estatus social  y dejar a segundo plano a Dios-Amor y Misericordia, hasta olvidarnos de El y Su Evangelio. Podemos privilegiar las migas que caen de la mesa y pasar de largo el pan de los hijos (Mt 15,27).

Las dificultades y conflictos habituales en la vida social y comunitaria, a nivel de familia y familia-Iglesia, nuestro testimonio aguachenta de los valores del Evangelio y errores en el actuar han desanimado y frustrado a quienes buscan gustar la belleza del amor de Dios y la armonía de Su Paz.

En este contexto, el Centro de Espiritualidad Ignaciana (CEI), propone y ofrece un espacio y tiempo comunitario para conocer y re-trabajar esos deseos profundos, revitalizarlos indagando en la historia personal y con Dios, re-enfocarlo a la luz de la Palabra de Dios y Su Espíritu. A partir de la vida propia, propio pozo, se crea el espacio para compartir y profundizar hasta tocar con renovada conciencia la Gracia de Dios en nuestras vidas e historia común. Con ayuda de profesionales en el área de Psicología, Antropología, Teología, Biblia, Trabajo y Doctrina Social nos encontramos todos los miércoles hasta noviembre para refrescarse con el agua del propio y de otros pozos.

Este espacio prolongado por 8 meses, se llama “Beber de el Propio Pozo” y es una invitación para concretar ese deseo latente en todo creyente cristiano. Y en realidad es en este deseo profundo que Dios mismo se manifiesta, pues es Él quien quiere que conozcamos, acojamos libremente vivamos gozosamente la gratuidad de Su Amor incondicional: “¡Sedientos todos, vayan por agua; los que no tienen dinero, vengan; compren y coman de balde, vino y leche sin pagar!”(Is 55, 1)

Junto a otros sedientos ofrecemos tiempo y espacio, personas-hermanas para facilitar y gustar, mirar y adentrar el propio pozo, tal como es, hasta tocar el fondo y buscar “a Dios, a ver si, aunque sea a tientas, lo podrían encontrar” (Hch 17,27) afin de experimentar el inagotable gozo de Su Amor y Misericordia.

Efraín Piza SJ. y Katie Van Cauwelaert

Si quieres informarte sobre este tiempo de renovación espiritual cristiana que brinda el “Programa Beber en el propio Pozo”: Clic aquí.

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