La memoria reconciliada, camino de paz

En Santiago de Chile se impone, cada 29 de marzo y hace años, una alerta, cada vez más normalizada, “guardarse temprano”, actitud que marca toda la actividad del día.  “Guardarse y estar en casa” a hora prudente, es decir, temprano. Consigna tácita para todos, más para los que viven en sectores vulnerables. Sea lunes o fin de semana, no importa, el día se vuelve raro, incómodo, doloroso.

Todo este correr a guardarse, es una acción de autocuidado, como medida preventiva ante posibles protestas cada vez más violentas y rabiosas, por los actos conmemorativos de un día de muerte hace ya 33 años, cuando dos hermanos, los jóvenes Vergara Toledo, fueron asesinados un 29 de marzo convirtiéndose así en símbolos de la lucha contra el régimen militar y la violencia del estado. Los  Vergara Toledo, jóvenes nacidos en un nido cristiano, aprendieron a levantar la voz y emprender acciones para hacer justicia en reparación a los atropellos violentos a los derechos humanos.

Este 29 de marzo coincidió con la celebración cristiana del Jueves Santo, donde en cada celebración se recuerda con unción las razones del sacrificio de Jesús: “para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos…a despedir libres a los oprimidos…” (de Lc 4, 18) “primero se entregó a Ti como víctima de salvación y luego nos mandó ofrecerlo en su memoria” -Prefacio de Jueves Santo- Acciones de Jesús ante la creciente tensión y conflictos con las autoridades socio-político-religioso de su época. Cristo de rodillas – obedeciendo en todo a Su Padre –  se entregó por amor y servicio a su comunidad, a la humanidad y hasta el extremo.

La violencia expresada hace más de dos mil años hacia el hijo del hombre, junto a las violencias cotidianas que sufre Chile, visibilizadas por la coincidencia de la celebración del día del joven combatiente, hacen que afloren las huellas de una violencia que han marcado Chile, no solo en el pasado, sino por un presente que aún sufre muchas agresiones, como señala Gonzalo Valenzuela en su artículo de El Mostrador, de febrero pasado, cuando dice: “Chile debe detener todo nivel de violencia y abuso impregnado en nuestra cultura injusta frente a miles de mujeres, niños y hombres que han sufrido abusos sexuales, violaciones y acoso sexual callejero…La falta de acceso a oportunidades, sobre todo en contexto urbano…produce violencia y la frustración o la desigualdad generan violencia y esta, a su vez, perpetúa las condiciones de pobreza. La violencia está enquistada en el corazón de toda ciudad, la vemos, la toleramos y la perpetuamos”.

Entonces, como ciudadanos, qué debemos hacer frente a las huellas de la violencia del pasado, o que es peor, a las actuales violencias económicas, sociales, políticas, religiosas, de género, ¿de clase?; ¿será acaso que debemos guardarnos temprano?

Como creyentes vamos a celebrar a Cristo en Jueves Santo, día del amor fraterno, de la solidaridad, del sacerdocio común, compartido por el bautismo, pero justo este año tenemos la mala suerte de ir con cuidado y de regresarnos con más cuidado aun a casa,  lamentándonos de la mala coincidencia de que los días coincidan.

¿Qué memoria celebramos como discípulos-apóstoles de Jesús? ¿Qué hacemos en su memoria?

Escuchar Su Palabra, acoger y celebrarla; encarnarla y actuarla, para que – inspirados por El, en El y con El – nos de la fortaleza y coherencia para  andar caminos de vida nueva, más allá del silencio, de la Muerte. Qué el Espíritu del Resucitado nos inunde con Paz, Perdón y una posible Reconciliación. Solo así glorificaremos su sacrificio, resucitando no quedándonos en el odio, el rencor y el resentimiento, o la sumisión ante las violencia actuales y pasadas.

Éste es también el proceso que ES.PE.RE. (EScuela de PErdón y REconciliación) quiere facilitar a quienes han sido víctima de alguna agresión o violencia. Y en conjunto con otros, en comunidad, con confianza y confidencialidad, se emprende un camino que permite narrar con nuevos ojos para identificar los sentimientos atrapados en este pasado. Ante la irracionalidad de la violencia sufrida, se descubre – paso por paso – y más de cerca, la irracionalidad del perdón que re-PARA, sana y libera una nueva mirada sobre toda Memoria.

Toda víctima de violencia tiene el derecho a hacer procesos de aprendizaje, desde su memoria ingrata, para experimentar en su persona la Memoria de Pascua de Jesucristo Resucitado y ser protagonista y facilitador de paz y bien.

¡Feliz Pascua!

 Claudia Tzanis, Katie Van Cauwelaert; Fundación AMPIN

Si quieres informarte y participar de esta experiencia de Perdón y Reconciliación, haz: Clic aquí.

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