SANTISIMA TRINIDAD

Con ocasión de esta fiesta de la Santísima Trinidad el Evangelio de hoy, que forma parte de los discursos de despedida de Jesús, perfila la acción de tres misteriosas personas que están unidas entre sí. En este pasaje Jesús señala que “cuando venga el Espíritu de la Verdad, Él los introducirá en toda la verdad…Todo lo que es del Padre es mío (del Hijo)”. Tenemos entonces al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo actuando en íntima relación. Reflexionando sobre éste y otros textos parecidos la Iglesia ha afirmado su fe en el Dios uno y trino. A lo largo de la historia muchos se han preguntado: ¿qué enigma, qué misterio es éste, de tres que son uno y de uno que son tres? Puede resultar difícil entender hoy el lenguaje teológico de los primeros concilios que respondieron a estas preguntas usando conceptos metafísicos de “sustancia”, “naturaleza” “persona” etc. para referirse al misterio de Dios.

Para poder explicar esto permítanme un ejemplo banal: mañana Chile comienza su participación en la Copa América de fútbol en Brasil jugando contra Japón. Ya somos muchos los que en la previa estamos sufriendo la incertidumbre con respecto al futuro de nuestra selección. Algunos nos estamos preguntando de cuál va a ser el esquema táctico que utilizará el entrenador: ¿será el del 4-3-3, o el del 4-4-2, o el 3-5-2, y cómo encajarán en este esquema el buen juego de Alexis y de Vidal? Para quien no entienda mucho de fútbol todo esto puede sonar confuso. Pero en medio de lo complicado del tema una cosa que hay que atender y que es fundamental, que finalmente es lo más importante y de lo que no se puede prescindir por ningún motivo y que por lo demás es muy simple, es el hecho de que cualquier equipo de fútbol para ganar debe meter un gol y ojalá, más de uno.

En lo del misterio de la Trinidad tenemos que razonar de modo similar. Habrá que pasar de la complejidad de la expresión doctrinal a la simplicidad del lenguaje evangélico. La realidad de Dios no es complicada. Por el contrario, es absolutamente simple. Así como en el fútbol el gol es la explicación más sencilla, lo esencial y lo más sencillo en el misterio de Dios Trinitario es el amor. Dios es Amor. Es un amor reflejado en el rostro del Padre, en el de Jesucristo y en el del Espíritu Santo.

Es por eso que Jesús, desde su propia experiencia de Dios, invitó a sus seguidores a relacionarse de manera confiada con Dios Padre, a tratarlo como papito, y a seguir fielmente sus pasos de Hijo de Dios encarnado, dejándonos siempre guiar y alentar por el Espíritu Santo que nos prometía. El misterio santo de Dios consiste en abrirnos nosotros a ese amor, a vivir como hijos e hijas de un Dios cercano, bueno y entrañable, sabiendo que nadie se queda solo. Todos tenemos un Dios que nos comprende, que nos quiere y que nos perdona como nadie, que inspira las decisiones que debemos tomar en la vida para el bien nuestro y para construir con todos un mundo más humano, justo, fraterno y solidario. De esto se trata la Trinidad. No es algo complicado. Es simple y sencillo. El amor es simple y sencillo.

San Ignacio vibraba con la Santísima Trinidad. Cada día le hacía oración a ella. Él mismo cuenta que un día rezando en las gradas de un monasterio “se le empezó a elevar el entendimiento, como que veía la santísima Trinidad en figura de tres teclas, y esto con tantas lágrimas y tantos sollozos, que no se podía valer. Y yendo aquella mañana en una procesión…nunca pudo retener las lágrimas hasta el comer, ni después de comer podía dejar de hablar sino en la santísima Trinidad…con mucho gozo y consolación…”. Como vemos Ignacio ni explica ni se complica con la Trinidad, sencillamente la vive. Experimenta la relación con las tres Personas Divinas como un gran enamorado, se sabe habitado por Dios y precisamente es esto lo que lo hace llorar de felicidad, sintiendo la armonía que lo rodea y el regalo, al mismo tiempo, de una fuerza increíble para darse a los demás y para confirmar las decisiones que iba tomando. Esto lo traducía en una amplia gama de matices afectivos: atracción amorosa totalizante, profunda reconciliación, ganas de dejarse guiar a donde sea, gran respeto y reverencia, un deseo desbordante de actuar como más le guste a Dios.

Podemos captar entonces que para nosotros la enseñanza que se nos hace es que debemos acercarnos al misterio de Dios con confianza y sencillez, que en todo lo bueno y hermoso que existe podemos encontrar una manifestación del amor de Dios. Lo podemos encontrar en la hermosa melodía de un concierto, en una obra de arte, en el dibujo de un niño pequeño y también ¿por qué no? en un gol de la selección chilena. Ahí donde hay amor, esfuerzo, dedicación, delicadeza, solidaridad, siempre estará la Trinidad con nosotros.